domingo, 23 de octubre de 2011

Tipología de la mujer de mafia: compañeras fieles, madres, suplentes...

Entre las mujeres de familias mafiosas, hemos encontrado una variedad de comportamientos derivado de la personalidad de las mujeres, que no defiere mucho de la tipología encontrada en otras familias, aunque la especificidad de la procedencia mafiosa no puede no ejercitar un fuerte condicionamiento, pero no hasta el punto de traducirse en un estándar uniforme.

Tenemos mujeres nacidas en familias mafiosas y casadas con mafiosos que obedecen al estereotipo de "compañeras fieles", discretas y atentas, como Rosaría Castellana, mujer de Michele Greco conocido como "el padre". Cuando el marido, fugitivo, es acusado de la matanza de Chinnici, declara que todo es una "absurda maquinación": "El padre” He leído este sobrenombre en los periódicos... Él es un hombre tranquilo, supieras, me adora a mí y a su hijo. El tiempo se lo pasaba en el campo a cuidar sus cítricos. Y es tan religioso”.


La familia Castellana era una familia de grandes propietarios de tierra de la zona de Ciaulli. La educación de la señora Rosaría había sido aquella que se daba a las muchachas destinadas ha hacer un "buen matrimonio". Ha estudiado música y lenguas extranjeras. Escribe poesía. Se interesa por el arte, "Mi vida transcurre entre la casa y la iglesia", dice. Una mujer religiosa, como el marido.


Otras mujeres tienen un rol activo, evidente con las presas de posesión, en aquello que podemos llamar las "relaciones públicas" de la mafia: mujeres que realizan trabajos criminales en primera persona (por ejemplo el tráfico y la venta de drogas) y que se pueden llamar "padrinas" a título completo, también ante la presencia de hombres, o "suplentes" después del arresto o la clandestinidad de los hombres. De ellas hemos ya dado algún ejemplo, pero la lista es amplia. Numerosas son las mujeres que se limitan a favorecer las actividades delictivas de sus familiares, prestan sus nombres, son propietarias de cuotas o titulares de sociedades y empresas usadas para el reciclaje de dinero negro, propietarias de inmuebles adquiridos con dinero ilícito, propietarias de la gestión comercial en lugar de los mafiosos que no pueden salir a la luz. Nos encontramos delante de situaciones notablemente diversas. Hay mujeres que pertenecen a familias históricas de la mafia, nacidas y circunscritas en un ambiente determinado y, como los matrimonios de las chicas de la aristocracia y de la alta burguesía se hacían y continúan haciendo en su circulo, casadas con mafiosos de rango, para las cuales, es razonable pensar que son conscientemente partícipes de las actividades de sus familiares; las mujeres de los pequeños mafiosos, provenientes de ambientes no mafiosos se encuentran ejerciendo como propietarias probablemente sin ser plenamente consientes del origen del dinero usado.

Un ejemplo interesante es el de Francesca Citarda, no tanto por el caso en sí mismo, sino por la actitud del colegio que tenía que juzgarla, fruto de una mentalidad retrógrada - esta sí, rígidamente machista - y de los juicios estereotipados sobre las mujeres meridionales aún no desaparecidos en los ambientes judiciales.
Francesca Citarda, mujer de Giovanni Bontate e hija de Matteo Citarda, los dos pertenecientes a familias históricas mafiosas, es constreñida a la residencia obligatoria en marzo de 1983, debido a la disposición de la Ley La Torre que extiende a los familiares y a los testaferro de las familias mafiosas las investigaciones patrimoniales, con la finalidad de confiscar los bienes de los cuales no es probada su legitima procedencia.

El matrimonio entre Francesca Citarda y Giovanni Bontate fue reincorporado en el estudio de la dirección de la policía como un pacto evidente entre familias mafiosas. No hay ninguna duda que muchos matrimonios entre personas pertenecientes a familias mafiosas son hechos para consolidar el poder, esto tampoco es específico de la mafia: la historia está llena de matrimonios de conveniencia hechos por razones de poder o para acumular riqueza, pocas veces con consenso, muchas veces contra la voluntad de las mujeres.


Con análogas motivaciones las otras imputadas han sido absueltas. De esta manera las mujeres de familia mafiosa, según estos magistrados, no son sujetos del derecho penal, son sólo eternas menores que consumen su existencia a la sombra de los hombres, únicos sujetos capaces de autodeterminación en el clan familiar y en consecuencia únicos responsables de sus acciones.
Desde nuestro punto de vista la única manera de dejar atrás los estereotipos es analizar, sin preconceptos, la realidad y tomar acto de sus múltiples formas, mientras normalmente sucede lo contrario: si se parte de ideas desencaminadas e inadecuadas y se busca su confirmación en los hechos, llamando a la "novedad" y a la "rotura" alguna vez el estereotipo resultará desmentido por la realidad. Un ejemplo reciente: la carta de Ninetta Bagarella, publicada en la "Reppublica" el 23 de junio de 1996, que ha parecido a más de uno la rotura del tabú del silencio y, base de la identificación entre mafia y el código de la omertà, entendida como silencio impenetrable, se ha saludado la toma de posesión de la Bagarella como una infracción a la omertà y de por sí un acto fuera del código de comportamiento mafioso. Sin tener en cuenta que la Bagarella hace más de 20 años dejaba entrever, hacía declaraciones y escribía memoriales, obviamente negándolo todo, para empezar, la inexistencia de la mafia: "la mafia es un fenómeno creado por la prensa para vender más periódicos", declaraba así, su inocencia y la de sus familiares, como continua haciendo en la reciente carta, que no es un distanciamiento sino una verdadera apología de la mafia, de ella, del marido, de aquello a lo que llama las "verdaderas instituciones", que inequívocamente son aquellas mafiosas.



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